Después de 4 años finalmente volví a vivir una ceremonia con la Ayahuasca. Sabía que cada experiencia era distinta de la otra pero jamás imaginé que podría superar el viaje anterior

Asistí con los mismos organizadores de la vez pasada; AYAHUASCA Healing The World. Un día me encontré a un amigo de aquel grupo, lo vi como una señal que necesitaba, ese mismo día reservé y a la semana ya me encontraba con ellos en el lugar pactado.

Todo fue tan rápido que ni siquiera asimilé que esta ceremonia era más que tan sólo Ayahuasca, también incluyo Rapé y Sananga, lo cual elevó la práctica a un nivel mucho más intenso de lo que conocía.  

A continuación te compartiré lo mágico que fue esta experiencia, cada detalle siendo lo más explícito y crudo posible.

Éramos más de 20 participantes, nos acomodamos con nuestros tendidos alrededor de la palapa donde se auspicia la ceremonia, uno junto al otro. Quedé en el centro del circulo junto a otras tres personas y a las casi 1:00 am, tras dos shots, el viaje comenzó.

Tal y como el guía lo sugirió me cubrí con la cobija y me coloqué en posición fetal, inmediatamente me sentí dentro de un vientre bioluminiscente lleno de colores que me transportaba a distintas geometrías, texturas y tonalidades. En momentos era inmenso, sentía que no podía alcanzar el límite, mientras que en otros sentía completamente la tela sobre mí y cada vez que la tocaba era como si produjera magia con cientos de destellos.

En un punto comencé a escuchar los sollozos de los demás y se abrió en mí algo que llamo un nuevo nivel de amor, sentía mucho cariño para dar, salí de mi mismo por unos momentos y los abracé para decirles Te Amo. Mi YO aún consiente pensó – ¿Te amo? Yo nunca digo Te amo – Pues ahora si – Y miles de Te Amo salieron de mi hasta finalmente convertirse en un Me Amo.

La música siempre fue mi guía durante el viaje, mi cuerpo reaccionaba a ella sin discusión, mi respiración se aceleraba cada vez más a manera de excitación – ¿Qué pedo? ¿Estoy gimiendo? ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando? – Esto es hacer el amor con el universo. Vi un cuerpo de luz asexual sin órganos reproductores, sin embargo con una figura masculina, éramos el universo/ divinidad y yo siendo un todo.

La vibración de los instrumentos hacía que me retorciera de placer, tocaba los pocos vellos en mi pecho y sentía electricidad en cada roce, era increíble y cuando creía que no podía ser mejor llegó una figura femenina con una silueta rosada a abrazarnos, era mi lado femenino queriendo hacerse presente, entonces la permití entrar y ese cuerpo de luz asexual ahora tenía el trazo de una mujer. Por unos breves instantes fui mujer y experimente orgasmos múltiples, las luces eran más radiantes e incluso vi fuegos artificiales. Ya no hacia el amor con el universo, era uno con el universo. Me hacía a mí mismo y dejé el hacer por el ser.

A pesar de que gran parte del viaje fue sexual nunca hubo sexo de ningún tipo, no hubo órganos reproductores ni nada. Simplemente el placer de ser, amarse, aceptar y disfrutar tu lado sexual.

Wow, wow, wow. No podía parar de repetirlo, estaba extasiado por todos mis sentidos. Me sentí tan afortunado y agradecido, mi viaje estaba siendo perfecto -¿Qué hice para merecer esto? – Me pregunté mientras escuchaba a los otros a enfrentar a sus demonios.

Por supuesto los míos no tardaron en aparecer. Comencé a querer a ayudar a otros de la misma manera que lo había hecho, saliendo de mi cuerpo siendo luz y abrazándolos, me vi como una especie de videojuego, tenía muchos corazones en mí y cuando iba a decirles Te Amo e intentar consolarlos se iban acabando. Cuando terminaba todo se volvía negro y volvía a comenzar el proceso con otra persona, convirtiéndose en un infierno personal sin fin.

Sentía como si absorbiera el llanto y los gritos de los otros, queriéndolo transmutar con amor pero no podía mitigar el dolor. Me sentía muy mal, mi cuerpo físico estaba todo acalambrado, desde el pie hasta el glúteo, mi estómago estrujado y de repente, sin previo aviso ¡vomité! No sé cuánto tiempo para pareció una eternidad y cuando el vómito ceso, el resto de los síntomas seguían acompañándome. Me sentía débil y rogaba por que terminará. No sé si morí, pero fue como si lo hiciera.

Más tarde, ya sin el efecto de la Ayahuasca analicé que pudo significar este momento y llegué a la conclusión de que tal vez en ocasiones puedo llegarme a sacrificarme mucho por los otros, en darles gusto o preocuparme por lo que puedan pensar, hasta llegar al punto de lastimarme ¡Ya no más!

Desde el comienzo hasta el final nunca supe diferenciar que era real y que no, ni si tenía mis ojos abiertos o cerrados, fue una sensación impresionante.

Hubo otro momento en que estaba entre caca y vómito, mi estómago sentía retorcijones y me preguntaba si me había hecho, sabía que el vómito era real pero no podía distinguir el resto. Son muy asqueroso, normalmente no podría soportar una escena como esa sin sentir nauseas, sin embargo en ningún segundo sentí repulsión, pues todo era parte del todo y fue una oportunidad para volver a ser niño, cuando no me preocupaba por mantenerme limpio o las bacterias, fue divertido, casi casi que hice angelitos, y me gustó la sensación de que me valiera madre.

En este viaje solo vi a una persona de mi vida. La imagen de mi sobrino Heber se hizo presente al inicio del viaje, se me hizo tan extraño, pues no lo veo seguido y no lo sentía tan cercano – ¿Qué haces aquí? – Solo lo abracé y le dije que lo amaba. La respuesta a mi pregunta llegó más tarde…

Vi la palapa en la que nos encontrábamos, era un gran hongo en el que nos refugiamos. Todo estaba ahí coexistiendo en diferentes planos y ayudando a sanar. Algunos seres eran pura luz (Similares a los colores que vi al principio) interactuando con nosotros, otros eran seres más oscuros que a simple vista daban miedo, estaban inmóviles junto algunos, meramente espectadores silenciosos. Vi animales humanoides, como si fueran criaturas del bosque y también había animales tal y como los conocemos como un venado con grandes cuernos rondando alrededor de la palapa, haciendo guardia y protegiéndonos.

Ahí mismo tenía visitas, un par de niños con síndrome de Down llegaron una jugar con una pelota, era luz azul y ellos me dieron la respuesta de por qué Heber estuvo en ese viaje. Se me reveló que nos niños con necesidades especiales son realmente especiales, estos seres de luz vienen al mundo a darnos grandes lecciones y mucho amor. Aún no descifro cuales son, pero creo que su forma de ver la vida con tanta inocencia y despreocupación, siendo quien son es algo que todos debemos aprender.

Mi experiencia con la Ayahuasca fue cósmica, cada minuto fue perfecto tal y como fue. Fue la mejor manera para despedir el año, cerrar y abrir nuevos ciclos. Nunca me cansaré de recomendarlo e invitar a todos a que lo prueben ¡Atrévete!

¡Los amo!