Los Niños Santos son medicina sagrada. Estos hongos abren la puerta a un viaje de introspección ayuda a sanar el alma.

Aquí te compartiré lo más relevante de mi experiencia, fueron muchas horas de ceremonia y varias tomas de Niños Santos, creo que mínimo consumimos unas ocho veces, aunque en realidad me fue imposible llevar la cuenta.

Se me presentaron muchas escenas, muchos mensajes, algunos propios, otros me llegaron para transmitirlos a la persona correspondiente, otros momentos los voy recordando poco a poco o algunos son muy privados. Por lo que sólo comunicaré lo que más me llevo en el corazón y quedó muy grabado en mí.

No existe un orden cómo tal, sin embargo intenté acomodar el gran rompecabezas para darle más sentido a lo vivido y aprendido.

El llamado

Pocos días antes de llegar a Jalisco, mi amigo Bardot contactó a una de sus amigas y nos invitaron a la ceremonia. Al principio dudé, pues no me sentía con ánimos de enfrentar lo que sea que me presentara esta medicina.

En los últimos días he vivido muchos cambios y sabía que había trabajo interno por hacer, pero lo estuve evitando.

Después de pensarlo y justo antes de emprender nuestro nuevo viaje por el centro de México le dije “Bueno si, si quiero hongos, vamos a empezar la aventura con todo”.

Una vez confirmada mi participación me envió toda la información que tenía a la mano, me documenté pues no tenía idea de la existencia de los Niños Santos y me preparé. 

La preparación

Para realizar la ceremonia de Niños Santos nos pedían tres días de dieta, donde se pedía evitar carnes, pescado y huevos. Lo más natural y vegetariano posible.

Además de no tener relaciones sexuales. Quedando prohibidos el alcohol y cualquier droga. Esto con el fin de llegar lo más limpio posible.

El mero día se pedía dejar de comer cuatro horas antes de la ceremonia y se pedía ofrendas como flores, frutas y llevar una vela.

El espacio y la compañía

Llegamos al lugar donde se auspiciaría la ceremonia de Niños Santos, la casa era linda, pero el patio era la cereza en el pastel. Cuando salimos me quedé impresionado con la vista. Era una majestuosa panorámica al Bosque de la Primavera.

Tenía cómo dos años sin pisar un bosque y estaba fascinado. Estar rodeado de tanto verde ya era medicina en si. El clima era perfecto y los sonidos de la naturaleza resonaban por todo el lugar.

El grupo fue súper acogedor y estaba conformado principalmente por mujeres. Quienes en su mayoría forman parte de un telar, una especie de sororidad donde se apoyan entre todas a cumplir su sueño.

Platicamos antes de comenzar y nos contaron cómo surgió la ceremonia, de cómo de ser algo privado para cinco personas terminó siendo para un poco más del doble con el fin de compartir esta medicina llena de amor.

El arranque

Nuestros facilitadores Hari, Fer y Maritza crearon un círculo de flores y velas, prepararon una especie de altar con las ofrendas y se colocaron objetos personales que quisiéramos cargar de energía como piedras, carteras y otros artículos.

Cómo en cualquier ceremonia se recibe una explicación antes de comenzar y a su vez se aclaran dudas sobre la medicina.

Una vez listos y con nuestros tendidos alrededor del círculo procedieron a pasar uno a uno para realizar una toma de Rapé, otra medicina sagrada que ayuda a dar claridad y dirección.

Más tarde recibimos la primera dosis de Niños Santos. Nos dieron un puñito de hongos en la mano, la idea era darles una intención antes de ingerirlos y después comerlos con conciencia; sentir su textura y sabores cada mordisco.

Antes de que el efecto detonará, la lluvia nos abrazó, trasladamos todo al interior de la casa y nos dejamos guiar.

La comunidad

La ceremonia tiene música de principio a fin, con cantos muy hermosos. Al comienzo las mujeres tomaron la batuta por unos instantes y cantaron algo que decía “…Que despierten las mujeres para que recuperen sus poderes…” (O algo así).

Era una letra muy poderosa, una canción que no había escuchado antes. En ese momento sentí mucho orgullo y admiración por estas mujeres que viven en comunidad, formando una red de apoyo. Algo que debería vivirse en todos lados.

Los Niños Santos no tardaron en hacer acto de presencia, el principio fue muy visual. En algún momento vi unas luces neón de los colores del arcoíris, de la bandera LGBT+ paras ser más exacto.

– ¿Porque veo esto? ¿Es porque soy gay? ¿Qué debo hacer? – Ayudar a la comunidad . Me sorprendió mucho porqué yo jamás he “sido parte”, nunca he luchado por los derechos, marchado o aportado nada, he estado al margen.
– ¿Pero por qué? ¿Para qué? – Para hacer el camino más fácil a los que vienen. Me entró mucho sentimiento. Se me cruzaron por la cabeza varías personas que he conocido con una doble vida, que no son felices y sufren por vivir en una mentira, entre ellos hombres casados y/o con hijos.

En ese instante comprendí que si puedo brindar algo para que alguien no tenga que caer en esa tortura de no ser él mismo algo haré, cosa que descifraré en un futuro.

Siento que esa parte de mi viaje fue gracias al gran ejemplo de la sororidad que tenía en frente, apoyar a tu comunidad para crecer y sanar en conjunto. En colectivo se logra más.

El contexto

Mi principal propósito de la ceremonia de los Niños Santos era trabajar creencias limitantes. Sobre todo aquellas relacionadas con el dinero.

Como contexto, desde que comenzó la pandemia he tenido problemas financieros, cargando deudas, batallando para conseguir dinero e incluso cerrando negocios.

Por supuesto que por mucho tiempo sentí de todo; impotencia, coraje, tristeza, desesperación, ansiedad… por no poder salir de ese círculo por más de un año.

También me sentía frustrado por no poder cumplir mi sueño de viajar en van por México, justo cuando compré mi camioncito llegó la cuarentena, perdí mis ingresos, tuve que venderla a los meses, pasó mucho tiempo, se armó un nuevo plan en otra vehículo, tampoco se pudo realizar. Mientras más me acercaba algo me retrocedía.

Llegó un punto en que dije “Me rindo, ya no voy a luchar, esto es por una razón, lo sabré en el futuro”.

Hace menos de la semana el viaje en van se convirtió en una especie de “mochilazo”. Me deshice de todos mis bienes materiales y dejé muchas cosas atrás, trayendo solo dos mochilas conmigo.

La abundancia

En una de las tomas, con los hongos en mi mano, les pedí de todo corazón entender que me impedía que fluyera la abundancia en mí y les dije “O si lo económico no es para mí denme una señal, tal vez mi camino es por otro lado”.

Más tarde comenzó una canción que narraba como nuestros ancestros vivían felices con lo esencial, viviendo de la naturaleza.

“Ellos decían así, así nomás se vive aquí
Tomando agüita fresca y respirando era feliz”

Fue ahí cuando comprendí que esa era mi señal. También los Niños Santos me revelaron que mi abundancia radicaba en el amor, me dijeron que era un ser amado, no sólo en lo terrenal por mi familia y amigos, había más.

En eso varios seres se acercaron a acobijarme, arroparme, sentía un manto de electricidad sobre mí que todos cargaban. El que más recuerdo era un gigante con vestimenta naranja que se agachó para poder alcanzarme. Sentí todas las bendiciones, gratitud y mucha abundancia.

La gran lección

El día de la ceremonia los Niños Santos me mostraron que tenía que “perderlo todo” (lo material) para aprender a recibir. Sentí alegría por entender la razón del camino que había cruzado.

Muchas personas han estado conmigo apoyándome, incluso cuando vendí mis artículos, varios de mis amigos compraron cosas y me dieron más dinero de lo que pedía, por ejemplo si algo costaba $100 pesos me daban $300 pesos. Lo tomaba, sí, pero con esfuerzo. Había algo ahí que me generaba duelo.

Gracias al apoyo de Bardot estoy siguiendo  ese sueño de viajar por México, tantos rincones como pueda. Aunque aceptaba su ayuda lo hacía con pena o tal vez hasta culpa por no poder retribuir de la misma manera.

En general, el hecho de recibir sin que yo pudiera devolver me causaba un conflicto. Los Niños Santos me recordaron lo mucho que he ayudado a otros, incluso desconocidos, cómo desde hace años he organizado colectas, eventos, recaudaciones para apoyar diversas causas desde juguetes, trenzas, tapitas, ropa, de todo. Y ahora era mi momento de recibir. Yo estaba ahí para recibir. Ese era mi propósito esa noche. 

Vi a varios seres extraños acercándose, uno por uno pasaban conmigo a entregarme algo, algunos eran muy feos pero no les tuve miedo y permití que se acercarán, recuerdo muy bien a un personaje femenino parecida a Gollum del Señor de los Anillos pero con unos cachos de cabello gris, uno era una especie de árbol encantado como los de Shrek, otro era un niño tipo gnomo acompañado de sus padres. Todos me trajeron un regalo que depositaron en mis manos, nunca vi ni supe lo que eran, sin embargo lo acepté y les prometí que cuando sean revelados daré buen uso de ellos.   

Gracias a la ceremonia aprendí a recibir con amor, una frase que me llevo conmigo para siempre. Y aterrizándolo a la vida real, comprendí que no estoy recibiendo dinero, estoy recibiendo amor materializado.

El regalo

En varios momentos de mis visiones vi cosas feas, grotescas y aterradoras, como animales en descomposición, criaturas que no existen en nuestro mundo y más.

Jamás sentí miedo de ellas, sabía que son parte de la vida y además, sentía que no había nada maligno en el área, la energía del grupo era muy bonita y me sentía protegido.

Un gigante de calavera formado por troncos y raíces se puse frente a mí y le grité “No te tengo miedo, háganme lo que tengan que hacerme” y ahí acostado en el suelo extendí mis palmas apuntando hacia el cielo.

De repente me sentí como en un quirófano, sentía pasos a mí alrededor, había seres trabajando en mí, y aunque no los vi, podía sentirlos.

Cargaban mis manos con energía, sentía electricidad corriendo a través de ellas, una carga sorprendente. Incluso sentía cómo las empujaban.

– ¿Por qué mis manos?
– Mis manos son mi herramienta.
– Mi voz está en mis manos

En ese momento lo asocié con mi escritura, en compartir esta experiencia para que la medicina llegue a más personas.

A su vez, estoy abierto a la posibilidad de que sea algo más. Tal vez reiki o alguna otra terapia. De lo que si estoy seguro es que mis manos ayudarán a muchas personas.

Mucho más tarde salí al patio, me paré debajo de un árbol, cerré mis ojo y comencé a sentir presencias a mi alrededor, aunque estaba afuera me seguía sintiendo protegido. En ese llegó una viejita frente a mí, aunque me daba algo de miedo por su apariencia, sabía que venía a darme algo, abrí mi pecho, estiré los brazos hacia el cielo y sentí una carga mucho mayor, una energía intensa, en eso llegó una centella verde cegadora y la viejita desapareció, había terminado su tarea.

El otro regalo

En algún punto de la noche un ser de luz blanca con silueta femenina se posó sobre mi cabeza y espolvoreó algo, eran pequeños cristalitos de forma circular. En cuanto cayeron en mi cara dije “Soy merecedor”.

¿Pero de qué? ¿De recibir? – Me pregunté – ¿Qué es esto? – Y la figura me respondió “Amor propio”.

Sentí súper bonito y lleno de gratitud ¡Es un mega regalo! Justo en ese momento los guías comenzaron a cantar “Y me llega el amor” de Darwin Grajales, una canción que ya había escuchado antes, pero no fue hasta ahí que sentí cada pedazo de la letra.

“…
Y cuando dejo de luchaaaar… ahí me llega el amor.

A veces pienso que no he sido el ser humano que esperaban
Y que todos los problemas me llaman, porque debo pagarla.

Y si me siento culpable por no haber sido feliz
En esta casa, solo me queda callar.
….”

Al escuchar ese pedazo en particular me dije “Ese soy yo hace nos días, me describe perfecto”. No paraba de llorar, lágrimas de liberación y agradecido por estar presente llegaron a mí.

La separación

La música siempre fue parte del proceso, literal es parte de la guía. En una de las escenas mientras sonaba “Deja que el pasado se vaya” visualicé a mis padres, estábamos los tres juntos, estaban frente a mí y conforme avanzaba la canción me iba alejando flotando, iban quedando atrás.

Suéltalo, suéltalo, suéltalo, suéltalo
Déjalo que se vaya
Déjalo que se vaya
Déjalo que se vaya

En ese momento, mientras más me alejaba, entendí que iba cortando y dejando todo aquello que no era mío. Tenía tiempo preocupándome por ellos, quererlos ayudar y cambiar acciones en su comportamiento que desde mi perspectiva no aportan nada en sus vidas. Pero entendí que no es mío, no es una decisión que me corresponda tomar aunque sea con una buena intención.

Una vez soltando ese lazo, les agradecí por todo lo que han hecho por mí. Por supuesto estaré para ellos siempre, pero de una manera distinta, compartiendo herramientas que me han servido más no frustrándome si no quieren cambiar.

El miedo

En algún momento se habló sobre el miedo, yo me sentía invencible en ese entonces, te digo que tuve monstruos enfrente y jamás me asusté o intenté huir, entonces “¿A qué le tengo miedo?”, inmediatamente llegó la respuesta “A no vivir” me respondí.

Fue algo que me impactó mucho, me pareció una respuesta sorprendente, pues es muy distinto al miedo a la muerte. Es estar sin estar presente, el no existir, no ser, respirar pero no vivir.

Vino a mi mente los momentos en los que me he enfocado tanto a trabajar que no me he dado tiempo de disfrutar, cuando me he privado de las cosas que me gustan o el simple hecho de haber pospuesto un sueño por esperar a que todo sea en las “condiciones perfectas”.

Así que me puse cómo meta vivir día a día, alcanzar aunque sea por un instante del día ese efecto de paz, plenitud y  abundancia que provocan los Niños Santos. Apreciar un atardecer o un amanecer con conciencia, sentarse bajo un árbol, sentir el césped, comer con gusto, llamar a alguien, pequeñas cosas que hacen sentirse bien.

Una parte muy dolorosa de la ceremonia fue darme cuenta que una de las personas que más amo en el mundo vive mi miedo desde hace años, privándose de cosas simples como un antojo o una ida a la playa, “Cuando haya dinero”, “Todo está muy caro”, “Luego…” y ese luego nunca llega.

Lo único que me queda hacer es invitarlo a vivir y compartirle el mensaje. Por qué cómo aprendí, no puedo cargar lo que no me pertenece.

Las otras lecciones

En una parte vi joyas preciosas sobre las rejillas de una alcantarilla, intenté tomarlas y en eso fueron tragadas. Una voz me dijo “No, lo verdadero valioso es la tierra”, es lo que nos da todo, alimento, refugio, sustento y más.

Vi mucho animal rastrero, insectos, animales descomponiéndose en la tierra, siempre entendí que era parte de la vida, al igual que el llanto y el sufrimiento que en ocasiones escuchaba de las personas viviendo su proceso a mí alrededor. Todo es parte de la vida.

Curiosamente aparecieron mis amores del pasado, pero fue al último ex a quien le agradecí por haberme enseñado cuán grande es mi capacidad de amar y creo que al fin cerré esa puerta, dándole las gracias de corazón. También con conciencia de que llegará algo mejor para mí.

También una lección muy importante, que en ese momento lo llamé “Ley de oro” es “Primero vivo, luego publico”, muchas veces no he estado presente por pensar en el blog o el post que haré, ahora trabajaré por cambiar eso. Primero lo vivo, lo aprecio, lo agradezco y luego lo compartiré.

El cierre

Ya que amaneció y fuimos despabilándonos, nos sentamos a compartir nuestras experiencias. Varios participantes coincidimos en muchos aspectos o sentíamos mucha empatía con el otro, pues hubo procesos similares.

Todos concordamos que los Niños Santos fueron muy amorosos con nosotros, incluso los guías mencionaron que estábamos “Bien chiqueados” por ellos.

La medicina sagrada había sido muy bondadosa con nosotros, cada historia que contaban era poderosísima, incluso hay quienes sanaron heridas de vidas pasadas.

Después salimos a hacer una pequeña ceremonia de abundancia con velas y dimos fin a esta preciosa experiencia.

La conclusión

Cada quién vive sus duelos y procesos como quiere, sin embargo siento que este tipo de medicinas sagradas debería de emplearse más, así como lo hacían nuestros ancestros. Todo con amor y con respecto.

Deberíamos quitar el estigma de que es “para drogarse”, pues cuando se le da una intención y se hace de la manera adecuada puede ser muy sanadora.

Los Niños Santos han sido de una de mis mejores experiencias y me alegro de haberlos conocido justo en este punto de mi vida. No puedo imaginar otro mejor comienzo que este.

Apenas van tres días de viaje y ya han sido transformadores. Gracias, gracias, gracias.

PD: Si conoces a alguien a quien podría servirle esta medicina, te invito a compartirla, tal vez esta entrada sea el llamado que necesita.

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